Cuando las emociones también laten

A veces cuidamos de todos y dejamos nuestro corazón para después. Sin embargo, la salud cardiovascular y la salud psicológica están más conectadas de lo que solemos pensar. El estrés, la ansiedad y la depresión no solo afectan nuestro estado emocional: pueden producir respuestas físicas que incluyen aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, alteraciones del sueño y cambios en algunos procesos inflamatorios. La evidencia actual reconoce una relación bidireccional entre la salud mental y cardiovascular, por lo que cuidar una también implica prestar atención a la otra.

Un aspecto poco conocido es que el estrés intenso puede provocar cambios cardiovasculares incluso en personas sin antecedentes de enfermedad cardíaca. Durante una respuesta de estrés, el organismo libera hormonas como la adrenalina, que hacen que el corazón lata más rápido y que la presión arterial aumente. Cuando el estrés se vuelve constante, esta respuesta puede mantenerse de forma repetida y contribuir a factores relacionados con la enfermedad cardiovascular. Además, la ansiedad o la depresión pueden influir indirectamente al dificultar hábitos importantes para la salud, como dormir adecuadamente, realizar actividad física, mantener una alimentación equilibrada o seguir un tratamiento médico.

La relación también funciona en sentido contrario. Vivir con una enfermedad cardíaca puede generar miedo, ansiedad o síntomas depresivos, especialmente después de un evento importante como un infarto. Una declaración científica de la American Heart Association publicada en 2025 señala que entre el 33 % y el 50 % de las personas que sobreviven a un infarto pueden experimentar algún tipo de malestar psicológico, y que cuando este persiste puede afectar su recuperación y salud cardiovascular a largo plazo. Por eso, la atención de estos pacientes no debería limitarse al corazón: el bienestar emocional también forma parte de su recuperación.

Cuidar el corazón, entonces, no significa únicamente controlar la presión arterial, el colesterol o la alimentación. También significa reconocer cuándo el estrés, la ansiedad, el agotamiento o un cambio emocional están afectando nuestra vida cotidiana y buscar apoyo cuando sea necesario. No esperes a que una señal se convierta en una preocupación. Escucha tu cuerpo, cuida tu corazón y hazte una valoración a tiempo. Porque atender nuestra salud también es aprender a cuidar aquello que sentimos, no solo aquello que podemos medir.