Pasamos más tiempo en nuestro lugar de trabajo que en cualquier otro sitio, y muchas veces lo hacemos en posturas que parecen actos de contorsionismo. El dolor de espalda, el síndrome del túnel carpiano y la fatiga visual no son «gajes del oficio» que debas aceptar; son señales de que tu entorno de trabajo no está diseñado para tu cuerpo. Cuando pasas horas encorvado sobre una laptop, estás poniendo una carga de hasta 20 kilos sobre tus vértebras cervicales.
La solución empieza por pequeños ajustes geométricos: tu monitor debe estar justo a la altura de tus ojos para que tu cuello no se doble. Tus codos deben formar un ángulo de 90 grados y tus pies deben estar siempre apoyados. Pero incluso con la mejor silla del mundo, el cuerpo humano no está diseñado para estar estático. Las «pausas activas» son el combustible de tu productividad. Cada hora, levántate, estira los flexores de la cadera y mira a lo lejos para relajar los músculos oculares. Estos minutos de movimiento actúan como un botón de reinicio para tu sistema nervioso, reduciendo el cortisol (la hormona del estrés) y permitiéndote terminar el día con energía para tu vida personal, no solo para desplomarte en el sofá por el dolor.