Cuando el dolor no siempre se ve: lo quedebemos saber sobre la prevención del suicidio

Septiembre es el mes dedicado a la concientización y prevención del suicidio, una oportunidad para hablar de un problema de salud pública que no puede explicarse por una sola causa. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 720 000 personas mueren por suicidio cada año y señala que es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años. Sin embargo, uno de los datos menos conocidos es que el suicidio no está necesariamente relacionado con un único trastorno mental. Factores psicológicos, biológicos, sociales, económicos, familiares y ambientales pueden interactuar y aumentar el riesgo en determinados momentos de la vida.

La ausencia de un diagnóstico psiquiátrico conocido tampoco significa que no exista riesgo. Una persona puede atravesar una crisis relacionada con una pérdida, problemas de pareja, aislamiento, dificultades económicas, violencia, dolor crónico o consumo de sustancias. Algunas señales pueden pasar desapercibidas: hablar de sentirse una carga, expresar desesperanza, sentirse atrapado o experimentar un dolor emocional o físico insoportable. Cambios recientes en el sueño, alimentación, consumo de alcohol o drogas, aislamiento social y variaciones marcadas del estado de ánimo también pueden ser relevantes. Incluso una aparente calma repentina después de un periodo de angustia requiere atención cuando existen otras señales de riesgo.

Un dato médico especialmente importante es el antecedente de un intento de suicidio, considerado por la OMS un factor de riesgo relevante para futuros comportamientos suicidas. Esto no significa que una persona necesariamente vuelva a intentarlo, pero sí que requiere una evaluación clínica y seguimiento adecuados. La prevención puede incluir tratamiento de las condiciones de salud mental, un plan de seguridad, fortalecimiento de las redes de apoyo y reducción del acceso a medios letales durante periodos de mayor riesgo. Estos factores deben abordarse de manera integral y no dependen únicamente de la voluntad de la persona.

La prevención tampoco comienza únicamente cuando aparece una crisis. Contar con relaciones de apoyo, sentirse conectado con otras personas, desarrollar herramientas para afrontar problemas y tener acceso oportuno a atención médica son factores que pueden ayudar a reducir el riesgo. Hablar sobre suicidio de manera responsable tampoco provoca pensamientos suicidas. Preguntar directamente si una persona está pensando en morir o hacerse daño puede ayudar a identificar una situación que necesita atención. Si existe un peligro inmediato, es fundamental buscar ayuda profesional urgente y acudir a un servicio de emergencia.

La prevención del suicidio no consiste solamente en evitar una muerte: también implica reconocer el sufrimiento antes de que llegue a convertirse en una emergencia. Detrás de una persona que parece distante, agotada o diferente puede existir un dolor que no sabemos identificar. Por eso, septiembre nos recuerda algo que debería acompañarnos durante todo el año: preguntar, escuchar, acompañar y buscar ayuda también son formas de cuidar la salud. A veces, una conversación no resuelve el problema, pero puede ser el primer paso para que alguien deje de enfrentarlo en soledad

No tienes que atravesarlo a solas. Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.

Recibe ayuda – Línea de Asistencia en Salud Mental MSP: 171, opción 6

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